El 4 de enero volvió a ocurrir.
Hacía muchos años que no se repetía uno de los misterios más
comentados en Internet. Una vez más, las hipótesis y los rumores se
extendieron rápidamente por foros y sitios de todo el mundo, tanto
especializados como generalistas.
Desde una zona boscosa y apartada del centro de Europa, esta vez en
el cantón suizo de Zug, se produjo una emisión de datos hacia un
punto del espacio.
Todo hubiera resultado normal, hasta cierto punto, si no fuera por el
hecho de que algo parecía haber recibido la emisión. Pero nadie era
capaz de detectar nada en aquel lugar.
Las fuerzas militares y las agencias de inteligencia de muchos países
estaban preocupadas por la posibilidad de que fuese algún programa
secreto del enemigo. Un satélite furtivo o algún arma orbital
desconocida.
Nada. Ni una imagen, a pesar de que muchos astrónomos aficionados,
cazadores amateurs de
satélites, lo habían convertido en un reto, en una obsesión en las
últimas décadas; ni una señal obtenida por los centenares y aún
miles de radares y demás equipos de espionaje que escudriñaban los
cielos desde tierra y desde el propio espacio.
Se producían sin seguir ningún patrón conocido. La primera emisión
se remontaba a enero de 1987. Y durante décadas se habían captado
cerca de una decena más, sin descartar que hubiesen tenido lugar
otras no detectadas.
Para aumentar todavía más el misterio que envolvía todo esto, en
cada ocasión habían encontrado en el punto de emisión de la señal
un aparato bastante avanzado para su época, fabricado con gran
precisión. Una caja metálica que contenía un procesador, un
dispositivo de memoria, otro para la emisión unido a una antena muy
eficiente y un ingenioso mecanismo para destruir cualquier rastro con
un potente ácido y para provocar un incendio dentro de la caja,
intenso para fundir muchas partes y controlado para que no afectara
al bosque circundante. Ni una huella dactilar, ni un número de serie
en los componentes. Todo lo que podía haber resultado interesante
para un equipo forense había desaparecido.
Una vez tras otra, esos restos eran casi la única prueba de que
hubiese ocurrido algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario