sábado, 7 de julio de 2018

Capítulo 2. El Informe Deep Mountain.






Primer día.
Lunes, 17 de marzo.


La tarde se estaba poniendo interesante... y peligrosa.
Steve había conectado con la impresora desde una máquina virtual en su propio ordenador. Phineas root le había insistido muchas veces en eso. Conectarse siempre que fuera aconsejable desde una zona aislada, desde un compartimento totalmente estanco, separado del resto del ordenador. Allí podía descargar cosas de la deep web, de sitios problemáticos y analizarlas a fondo sin peligro. En caso de contener algún programa oculto, destructivo o espía, estaría a salvo el resto del equipo. Sólo tendría que borrar ese espacio separado con su contenido. Copió todo lo que había en la memoria y abrió el archivo en su máquina.
Mientras pasaba las páginas en la pantalla, comenzó a ponerse realmente nervioso. Al mismo tiempo se despertaba el espíritu del periodista de investigación que llevaba dentro. El corazón empezó a latirle más rápido.
Leyó como si estuviese dictando en voz baja cerca de una grabadora:



"Informe Deep Mountain”.
El logotipo de Alphin Corp.
Un sello en la portada: ALTO SECRETO. Y escrito a mano: Informe de acceso restringido. SEGURIDAD NACIONAL.

Steve echó un vistazo al índice. El fichero sólo contenía la primera parte del informe. En total, 89 páginas. Y volvió a leer:

"Introducción. Proyecto para aumentar nuestra presencia en el mercado de tecnologías de inteligencia artificial orientada al control social en las próximas décadas.
PARTE PRIMERA. La situación actual. La infiltración en todas las esferas decisivas de poder.
Capítulo 1. Proyectos rivales.
Capítulo 2. Financiación privada y pública. Expansión y próximas ramificaciones en el sector público.
Capítulo 3. Proyectos secretos de nuestra compañía en las próximas décadas.
Sección 1ª. La participación mediante programas propios en la captación masiva y almacenamiento de la información a gran escala.
Sección 2ª. Fomento de la interconexión de todas las bases de datos en una red mundial.
Sección 3ª. Financiación y desarrollo de los algoritmos para controlar una IA. Acciones frente a proyectos rivales (Listado).
Sección 4ª. Participación en el perfeccionamiento de modelos de Sentient World Simulation (SWS) y de prevención de delitos (pre-crimen).
PARTE SEGUNDA. Perspectivas.
Capítulo 5. Evaluación de riesgos potenciales; personas y grupos. Localización y eliminación de posibles riesgos individuales y colectivos graves para la seguridad de nuestro proyecto corporativo.
Capítulo 6. Eliminación de la competencia. Implementación de diversas estrategias para debilitar a los rivales del sector.
Conclusiones. Hacia un futuro con la máxima cuota de mercado global del sector de control social y vigilancia.

(De este informe sólo se facilitará una copia firmada digitalmente exclusiva para cada miembro del Consejo, así como de una copia impresa de la que serán personalmente responsables)".

Steve siguió revisando todas las páginas en busca de algo importante. Esperaba que no sólo fuesen especulaciones y el trazado de líneas generales de actuación de esos tiburones empresariales, sino que se hubiesen confiado. Que hubiera algo por donde abrir una brecha en Alphin Corp para poder orientar bien su investigación.
—Por lo que estoy leyendo, además de comprobar que tenemos entre las manos una verdadera bomba, ahora mismo me preocupáis tu familia y tú. Déjame que piense —dijo, mientras continuaba buscando.
—Aquí está. En la "Sección 3ª. Financiación y desarrollo de los algoritmos para controlar una IA. Acciones frente a proyectos rivales (Listado)", se mencionan los nombres de las corporaciones por el mismo orden en que fueron desconectados los siete programas de inteligencia artificial afectados en los últimos cuatro meses. ¿No te parece demasiada casualidad? Y hay cuatro nombres más de corporaciones que todavía no han tenido problemas.
A su amigo se le descompuso la cara.
Steve le dijo que ya no necesitaba la impresora. Joao esperaba ansioso su indicación con un extraño aparato conectado a un grueso enchufe de la pared y con el que literalmente quemó la zona de la impresora donde estaban el microprocesador y la memoria con una potente descarga eléctrica. Ya no había rastro alguno de aquello.
—Esto parece algo muy grande y peligroso —dijo el periodista mientras repasaba mentalmente los errores que pudiesen haber cometido y que podrían poner en peligro a Joao y a su familia. Incluso a él mismo.
—La llamada a mi móvil. Ése es el eslabón débil. Tal vez saben que tú eres mi contacto. Todavía no conocen el motivo pero es posible que pronto lo sospechen. Al referirte a mis amigos ya estarán inquietos. Debes marcharte a algún sitio en el que no hayáis estado nunca, habitual para turistas brasileños y sin móvil ni tarjeta de crédito. Asegúrate de que tus hijos no llevan tablets ni móviles. Procura usar moneda nacional para evitar llamar la atención. Una cabaña rural estaría bien, sin cámaras de vigilancia en las calles —dijo mientras quitaba el cable.
—Son las 8:10. ¿Crees que nos daría tiempo a sacar una copia en papel antes de que lleguen los de seguridad?
—Claro, Steve. Vamos a mi despacho.
Una vez dentro, Joao cerró la puerta. Steve desenchufó la impresora del ordenador de la oficina y la conectó a su portátil. La impresión fue muy rápida. Las 89 páginas tardaron apenas unos minutos.
—Espera un momento, le avisó Steven. Y pinchó sobre el icono de una araña en su escritorio, abriendo un programa que le había instalado Phineas. Era capaz de analizar un dispositivo y borrar todos los rastros de actividad o sólo la realizada por el interesado. Dejó la impresora igual que antes de enchufar su equipo para imprimir la copia.
—Ya hemos dejado achicharrada la Stratton y limpia tu impresora del despacho. Todo en orden. Legalmente estás cubierto. Ahora vamos a ocuparnos de lo demás —dijo mientras volvía a conectar la impresora al ordenador del despacho.
—Ahí está el problema, en lo demás —masculló Steve. No quería preocupar más a su amigo.




Steve Forrester guardó la copia impresa en una carpeta de plástico y la cerró. Buscó en su mochila una funda Faraday para móviles y se la entregó a su amigo.
—Lleva tu móvil con normalidad. No lo dejes en casa ni lo apagues hasta que no tengas claro lo que vas a hacer. Piensa en cómo te observan ellos. Ésa es la clave. Quizás todavía no, pero muy pronto lo harán. Irán a buscarte. En el momento que tengas a tu familia contigo y todo preparado en el coche, pasa por delante de la entrada de un garaje subterráneo y apaga tu móvil, quítale la batería y mételo todo en esta funda. Y la dejas en el maletero envuelta en una manta. Desaparecerá completamente y dejará de informarles de dónde estás. Tras un tiempo prudente en el que tal vez piensen que estás en un sitio subterráneo sin cobertura, un garaje de supermercado con muros muy gruesos o algo así, se pondrán nerviosos y te buscarán en tu casa y en el trabajo. Toma este móvil nuevo, sin usar y con cifrado muy potente. Sólo lo tienes que encender y podrás hablar con mi amigo Phineas root, ya sabes, el hacker de la entrevista. Puedes hablar con él en inglés o en portugués. Habla con fluidez muchos idiomas. Dile lo que ha ocurrido. Él te ayudará. Y te dirá cuándo es seguro que vuelvas. También podrás recibir llamadas sólo de él.
—Recuerda que la bolsa Faraday quizás no anule el micrófono. Debes tener cuidado con lo que dices. Por eso te recomendé la manta y el maletero. La tecnología del espionaje a través de los móviles evoluciona a velocidad de vértigo. No está de más pasarse de prudentes. Aunque le quites la batería al móvil y la tarjeta SIM, no te fíes.
Ahora recordaba que cuando llegó al Aeropuerto Internacional de Galeao, a las afueras de Río, le pareció que había varios tipos sospechosos que estaban pendientes de él. Creyó verlos allí y más tarde por las calles y alrededor de su hotel.
«Tranquilo, hombre —se dijo unas horas antes en el mismo aeropuerto—. No te vuelvas más paranoico. Si te metes en jaleos, ten al menos la decencia de mantener la calma. Seguro que Phineas se ha pasado para garantizar tu seguridad».
Pero ahora se lo tomaba muy en serio. Sus amigos de Alphin Corp eran muy poderosos y su artículo del año pasado sobre sus prácticas ilegales en el sureste asiático había hecho daño a su imagen pública y les había perjudicado en la Bolsa. No sería extraño que lo estuviesen siguiendo nada más saber que pensaba viajar a Brasil. Posiblemente lo habían puesto en su lista negra.
—Amigo mío, vamos a repasarlo todo de nuevo. Vas a ir a tu casa, a reunirte con tu esposa y con tus dos hijos y vas a salir para un lugar al que no hayáis ido nunca, sin móvil y sin tarjetas de crédito. Toma esto. Ya me lo devolverás si tienes escrúpulos de aceptarlo como un regalo por tu ayuda. Me acaban de pagar un trabajo para varias revistas brasileñas. Aquí tienes 4000 dólares en billetes pequeños y unos 7000 reales. Creo que son casi 2000 dólares más en moneda local. No tengo más en dinero físico. Creo que tendrás bastante. No toques tus cuentas ni tus tarjetas. Phineas te dirá cómo puedes conseguir más si te hace falta. Creo que su mejor amigo en Brasil se hace llamar Karioca. Confía en ellos como si fuera en mí mismo.
—Antes de un par de semanas todo habrá terminado. Ya verás —le dijo Steve a su amigo para tranquilizarlo mientras se daban un abrazo.




Se despidieron bastante preocupados y Steven salió a la calle decidido a llegar a su hotel. Comenzó a caminar a paso ligero, tomando calles que le llevarían a su destino dando un pequeño rodeo. Eso decía su callejero. Cada cierto tiempo miraba de reojo, se paraba en un escaparate para ver si notaba algo raro, pero no vio ninguno de los rostros que recordaba del aeropuerto o de las calles alrededor del hotel. Tal vez no le seguían o estaban usando un segundo equipo de vigilancia.
Entró en una hamburguesería de una conocida cadena en la que quedaban un par de mesas vacías. Pidió un refresco mientras decidía qué comer. Y se sentó en la que estaba al fondo, lejos de las ventanas. Sacó el ordenador de la mochila, le acopló una antena de forma extraña que camufló dentro de la mochila. Phineas la había llamado algo así como su propio diseño basado en el ProxyGambit. Encendió el equipo, abrió el navegador que conectaba directamente a un punto de acceso a una red pirata montada en algún satélite o algo así de raro. No recordaba bien. Entró en el servidor de correo Proteus y subió el fichero al que había cambiado el título y encapsulado en una especie de caja cifrada como le había enseñado el hacker.
Comenzó a escribir y tuvo que corregir muchas veces las erratas por lo nervioso que estaba:


«Querido amigo Nikola, si estuvieses aquí me echarías una bronca, porque me dejé mi móvil de siempre encima y creo que me han pillado. Ahora estoy en una hamburguesería llena de gente y en cuanto te envíe esto, me voy al hotel y llamo a la policía para que me acompañe al aeropuerto. Tengo que esconder bien la copia impresa del informe para que no me la quiten. Ya he tirado el móvil en una alcantarilla. Creo que esto va a ser una bomba...».


Siguió escribiendo un rato hasta terminar el mensaje de la mejor forma que pudo. Lo cifró todo con la contraseña que habían acordado en la entrevista, unos meses atrás:





@L0MejorDelAVida@#$%98765_Suele.S3r.Lo.InesperaDD2_34589@



Phineas le explicó que la cantidad y mezcla de caracteres le proporcionaba una entropía muy alta, es decir, que era lo bastante poderosa para resistir un ataque de fuerza bruta y suficientemente impredecible para intentar adivinarla o para resistir un ataque de diccionario y frases frecuentes o relacionadas con el objetivo.
La llevaba apuntada en un papel en un bolsillo. Pero le había añadido cuatro caracteres más al principio y tres al final que debía eliminar antes de teclearla. Así si caía en manos de cualquiera interesado en conseguirla, no le valdría de nada el papel. Además la tenía escrita en un libro de la biblioteca de su casa en San Francisco: El guardián en el centeno, en la pagina 99. Y el toque personal de Phineas root. Como medida de seguridad extrema, que no se apuntaba nunca, le añadía entre los caracteres último y penúltimo una letra. En este caso la M (…9M@). Partió el papel en cuatro trozos, se los metió en la boca y los humedeció con saliva antes de tragarlos con un sorbo del refresco. Se sintió un poco ridículo, como en esas películas de espías en las que el mensaje se autodestruye con ácido. Pero quería seguir las normas a rajatabla después de la metedura de pata del maldito móvil. La desventaja era que su dificultad hacía casi imposible memorizarla, pero el riesgo de perder el papel era pequeño y las ventajas enormes: seguramente serían necesarios muchos recursos de la NSA durante años para romperla. Impensable que alguien hiciese eso.
Se había molestado en comprobar la fortaleza de esta contraseña en una página que le había señalado el hacker y quedó sorprendido: un atacante que pudiese probar cien trillones de contraseñas por segundo, tardaría trillones de siglos. Y aunque no fuese del todo correcto, parecía ser suficientemente resistente. Todo lo que había visto en Phineas le hacía confiar en él.
Tuvo una sensación extraña. Algo iba mal. Pensó en la seguridad de Phineas root y de Joao y su familia. Cerró el portátil. Dejó el dinero con la propina sobre la factura. Se dirigió al baño. Estaba vacío. Cerró la mochila. Tiró de las cadenas de las cisternas de los tres inodoros que había para amortiguar el ruido y le dió cinco o seis golpes a la mochila contra la pared.
En ese momento entró otro cliente y lo vió dándole los últimos golpes. Steve le sonrió y le explicó medio en broma, medio en serio:
—Es una basura de portátil y como tiene seguro, quiero que me den otro. Esa gente de las grandes tiendas se las saben todas.
El tipo se fue de prisa, sin fiarse mucho de las palabras de ese loco que acababa de ver en el baño. Horas más tarde reconoció su rostro en los informativos y se alegró de no haberlo comentado con nadie. No quería problemas con las mafias.
Steve abrió la bolsa y echó agua sobre el trozo más grande donde seguían el disco duro y el procesador. La pantalla y lo demás estaban hechos pedazos. La pequeña antena la dobló con las manos y la tiró por la ventana a un contenedor que había cerca.
Salió del local y se encaminó en dirección al hotel. Mientras iba casi corriendo por la calle le venían a la mente de manera repetitiva las palabras de Phineas: "el eslabón débil de la cadena suele ser el factor humano, los sentimientos, la pereza, la confianza"… y él había llevado encima el viejo móvil todo el tiempo como un maldito imbécil. Por primera vez sintió miedo de verdad.
Un coche lo seguía de cerca y varios de los tipos que había visto antes caminaban a su ritmo por la acera de enfrente. Aprovechando que dos furgonetas aparcadas juntas lo cubrían un poco, se agachó como para recuperar el aliento y tiró los trozos del portátil por el hueco de una alcantarilla. Cerró la cremallera de la mochila y se la puso al hombro como si todavía lo llevara. Sólo quedaban dentro la funda vacía del portátil y la copia impresa del informe...

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