Primer día.
Lunes, 17 de marzo.
La tarde se estaba poniendo interesante... y peligrosa.
Steve había conectado con la impresora desde una máquina virtual en
su propio ordenador. Phineas root le había insistido muchas
veces en eso. Conectarse siempre que fuera aconsejable desde una zona
aislada, desde un compartimento totalmente estanco, separado del
resto del ordenador. Allí podía descargar cosas de la deep web,
de sitios problemáticos y analizarlas a fondo sin peligro. En caso
de contener algún programa oculto, destructivo o espía, estaría a
salvo el resto del equipo. Sólo tendría que borrar ese espacio
separado con su contenido. Copió todo lo que había en la memoria y
abrió el archivo en su máquina.
Mientras pasaba las páginas en la pantalla, comenzó a ponerse
realmente nervioso. Al mismo tiempo se despertaba el espíritu del
periodista de investigación que llevaba dentro. El corazón empezó
a latirle más rápido.
"Informe Deep Mountain”.
El logotipo de Alphin Corp.
Un sello en la portada: ALTO
SECRETO. Y escrito a mano: Informe de acceso restringido. SEGURIDAD
NACIONAL.
Steve echó un vistazo al índice. El fichero sólo contenía la
primera parte del informe. En total, 89 páginas. Y volvió a leer:
"Introducción. Proyecto
para aumentar nuestra presencia en el mercado de tecnologías de
inteligencia artificial orientada al control social en las próximas
décadas.
PARTE PRIMERA. La situación
actual. La infiltración en todas las esferas decisivas de poder.
Capítulo 1. Proyectos rivales.
Capítulo 2. Financiación
privada y pública. Expansión y próximas ramificaciones en el
sector público.
Capítulo 3. Proyectos secretos
de nuestra compañía en las próximas décadas.
Sección 1ª. La participación
mediante programas propios en la captación masiva y almacenamiento
de la información a gran escala.
Sección 2ª. Fomento de la
interconexión de todas las bases de datos en una red mundial.
Sección 3ª. Financiación y
desarrollo de los algoritmos para controlar una IA. Acciones frente a
proyectos rivales (Listado).
Sección 4ª. Participación en
el perfeccionamiento de modelos de Sentient World Simulation (SWS) y
de prevención de delitos (pre-crimen).
PARTE SEGUNDA. Perspectivas.
Capítulo 5. Evaluación de
riesgos potenciales; personas y grupos. Localización y eliminación
de posibles riesgos individuales y colectivos graves para la
seguridad de nuestro proyecto corporativo.
Capítulo 6. Eliminación de la
competencia. Implementación de diversas estrategias para debilitar a
los rivales del sector.
Conclusiones. Hacia un futuro
con la máxima cuota de mercado global del sector de control social y
vigilancia.
(De este informe sólo se
facilitará una copia firmada digitalmente exclusiva para cada
miembro del Consejo, así como de una copia impresa de la que serán
personalmente responsables)".
Steve siguió revisando todas las páginas en busca de algo
importante. Esperaba que no sólo fuesen especulaciones y el trazado
de líneas generales de actuación de esos tiburones empresariales,
sino que se hubiesen confiado. Que hubiera algo por donde abrir una
brecha en Alphin Corp para poder orientar bien su
investigación.
—Por lo que estoy leyendo, además de comprobar que tenemos entre
las manos una verdadera bomba, ahora mismo me preocupáis tu familia
y tú. Déjame que piense —dijo, mientras continuaba buscando.
—Aquí está. En la "Sección
3ª. Financiación y desarrollo de los algoritmos para controlar una
IA. Acciones frente a proyectos rivales (Listado)",
se mencionan los nombres de las corporaciones por el mismo orden en
que fueron desconectados los siete programas de inteligencia
artificial afectados en los últimos cuatro meses. ¿No te parece
demasiada casualidad? Y hay cuatro nombres más de corporaciones que
todavía no han tenido problemas.
A su amigo se le descompuso la cara.
Steve le dijo que ya no necesitaba la impresora. Joao esperaba
ansioso su indicación con un extraño aparato conectado a un grueso
enchufe de la pared y con el que literalmente quemó la zona de la
impresora donde estaban el microprocesador y la memoria con una
potente descarga eléctrica. Ya no había rastro alguno de aquello.
—Esto parece algo muy grande y peligroso —dijo el periodista
mientras repasaba mentalmente los errores que pudiesen haber cometido
y que podrían poner en peligro a Joao y a su familia. Incluso a él
mismo.
—La llamada a mi móvil. Ése es el eslabón débil. Tal vez saben
que tú eres mi contacto. Todavía no conocen el motivo pero es
posible que pronto lo sospechen. Al referirte a mis amigos ya
estarán inquietos. Debes marcharte a algún sitio en el que no
hayáis estado nunca, habitual para turistas brasileños y sin móvil
ni tarjeta de crédito. Asegúrate de que tus hijos no llevan tablets
ni móviles. Procura usar moneda nacional para evitar llamar la
atención. Una cabaña rural estaría bien, sin cámaras de
vigilancia en las calles —dijo mientras quitaba el cable.
—Son las 8:10. ¿Crees que nos daría tiempo a sacar una copia en
papel antes de que lleguen los de seguridad?
—Claro, Steve. Vamos a mi despacho.
Una vez dentro, Joao cerró la puerta. Steve desenchufó la impresora
del ordenador de la oficina y la conectó a su portátil. La
impresión fue muy rápida. Las 89 páginas tardaron apenas unos
minutos.
—Espera un momento, le avisó Steven. Y pinchó sobre el icono de
una araña en su escritorio, abriendo un programa que le había
instalado Phineas. Era capaz de analizar un dispositivo y
borrar todos los rastros de actividad o sólo la realizada por el
interesado. Dejó la impresora igual que antes de enchufar su equipo
para imprimir la copia.
—Ya hemos dejado achicharrada la Stratton y limpia tu
impresora del despacho. Todo en orden. Legalmente estás cubierto.
Ahora vamos a ocuparnos de lo demás —dijo mientras volvía a
conectar la impresora al ordenador del despacho.
—Ahí está el problema, en lo demás —masculló Steve. No
quería preocupar más a su amigo.
Steve Forrester guardó la copia impresa en una carpeta de plástico
y la cerró. Buscó en su mochila una funda Faraday para móviles y
se la entregó a su amigo.
—Lleva tu móvil con normalidad. No lo dejes en casa ni lo apagues
hasta que no tengas claro lo que vas a hacer. Piensa en cómo te
observan ellos. Ésa es la clave. Quizás todavía no, pero muy
pronto lo harán. Irán a buscarte. En el momento que tengas a tu
familia contigo y todo preparado en el coche, pasa por delante de la
entrada de un garaje subterráneo y apaga tu móvil, quítale la
batería y mételo todo en esta funda. Y la dejas en el maletero
envuelta en una manta. Desaparecerá completamente y dejará de
informarles de dónde estás. Tras un tiempo prudente en el que tal
vez piensen que estás en un sitio subterráneo sin cobertura, un
garaje de supermercado con muros muy gruesos o algo así, se pondrán
nerviosos y te buscarán en tu casa y en el trabajo. Toma este móvil
nuevo, sin usar y con cifrado muy potente. Sólo lo tienes que
encender y podrás hablar con mi amigo Phineas root, ya sabes,
el hacker de la entrevista. Puedes hablar con él en inglés o en
portugués. Habla con fluidez muchos idiomas. Dile lo que ha
ocurrido. Él te ayudará. Y te dirá cuándo es seguro que vuelvas.
También podrás recibir llamadas sólo de él.
—Recuerda que la bolsa Faraday quizás no anule el micrófono.
Debes tener cuidado con lo que dices. Por eso te recomendé la manta
y el maletero. La tecnología del espionaje a través de los móviles
evoluciona a velocidad de vértigo. No está de más pasarse de
prudentes. Aunque le quites la batería al móvil y la tarjeta SIM,
no te fíes.
Ahora recordaba que cuando llegó al Aeropuerto Internacional de
Galeao, a las afueras de Río, le pareció que había varios
tipos sospechosos que estaban pendientes de él. Creyó verlos allí
y más tarde por las calles y alrededor de su hotel.
«Tranquilo, hombre —se
dijo unas horas antes en el mismo aeropuerto—. No
te vuelvas más paranoico. Si te metes en jaleos, ten al menos la
decencia de mantener la calma. Seguro que Phineas se ha pasado para
garantizar tu seguridad».
Pero ahora se lo tomaba muy en serio. Sus amigos de Alphin
Corp eran muy poderosos y su artículo del año pasado sobre sus
prácticas ilegales en el sureste asiático había hecho daño a su
imagen pública y les había perjudicado en la Bolsa. No sería
extraño que lo estuviesen siguiendo nada más saber que pensaba
viajar a Brasil. Posiblemente lo habían puesto en su lista negra.
—Amigo mío, vamos a repasarlo todo de nuevo. Vas a ir a tu casa, a
reunirte con tu esposa y con tus dos hijos y vas a salir para un
lugar al que no hayáis ido nunca, sin móvil y sin tarjetas de
crédito. Toma esto. Ya me lo devolverás si tienes escrúpulos de
aceptarlo como un regalo por tu ayuda. Me acaban de pagar un trabajo
para varias revistas brasileñas. Aquí tienes 4000 dólares en
billetes pequeños y unos 7000 reales. Creo que son casi 2000 dólares
más en moneda local. No tengo más en dinero físico. Creo que
tendrás bastante. No toques tus cuentas ni tus tarjetas. Phineas
te dirá cómo puedes conseguir más si te hace falta. Creo que su
mejor amigo en Brasil se hace llamar Karioca. Confía en ellos
como si fuera en mí mismo.
—Antes de un par de semanas todo habrá terminado. Ya verás —le
dijo Steve a su amigo para tranquilizarlo mientras se daban un
abrazo.
Se despidieron bastante preocupados y Steven salió a la calle
decidido a llegar a su hotel. Comenzó a caminar a paso ligero,
tomando calles que le llevarían a su destino dando un pequeño
rodeo. Eso decía su callejero. Cada cierto tiempo miraba de reojo,
se paraba en un escaparate para ver si notaba algo raro, pero no vio
ninguno de los rostros que recordaba del aeropuerto o de las calles
alrededor del hotel. Tal vez no le seguían o estaban usando un
segundo equipo de vigilancia.
Entró en una hamburguesería de una conocida cadena en la que
quedaban un par de mesas vacías. Pidió un refresco mientras decidía
qué comer. Y se sentó en la que estaba al fondo, lejos de las
ventanas. Sacó el ordenador de la mochila, le acopló una antena de
forma extraña que camufló dentro de la mochila. Phineas la
había llamado algo así como su propio diseño basado en el
ProxyGambit. Encendió el equipo, abrió el navegador que
conectaba directamente a un punto de acceso a una red pirata montada
en algún satélite o algo así de raro. No recordaba bien. Entró en
el servidor de correo Proteus y subió el fichero al que había
cambiado el título y encapsulado en una especie de caja cifrada como
le había enseñado el hacker.
Comenzó a escribir y tuvo que corregir muchas veces las erratas por
lo nervioso que estaba:
«Querido amigo Nikola, si
estuvieses aquí me echarías una bronca, porque me dejé mi móvil
de siempre encima y creo que me han pillado. Ahora estoy en una
hamburguesería llena de gente y en cuanto te envíe esto, me voy al
hotel y llamo a la policía para que me acompañe al aeropuerto.
Tengo que esconder bien la copia impresa del informe para que no me
la quiten. Ya he tirado el móvil en una alcantarilla. Creo que esto
va a ser una bomba...».
Siguió escribiendo un rato hasta terminar el mensaje de la mejor
forma que pudo. Lo cifró todo con la contraseña que habían
acordado en la entrevista, unos meses atrás:
@L0MejorDelAVida@#$%98765_Suele.S3r.Lo.InesperaDD2_34589@
Phineas le explicó que la cantidad y mezcla de caracteres le
proporcionaba una entropía muy alta, es decir, que era lo bastante
poderosa para resistir un ataque de fuerza bruta y suficientemente
impredecible para intentar adivinarla o para resistir un ataque de
diccionario y frases frecuentes o relacionadas con el objetivo.
La llevaba apuntada en un papel en un bolsillo. Pero le había
añadido cuatro caracteres más al principio y tres al final que
debía eliminar antes de teclearla. Así si caía en manos de
cualquiera interesado en conseguirla, no le valdría de nada el
papel. Además la tenía escrita en un libro de la biblioteca de su
casa en San Francisco: El guardián en el centeno, en la
pagina 99. Y el toque personal de Phineas root. Como medida de
seguridad extrema, que no se apuntaba nunca, le añadía entre los
caracteres último y penúltimo una letra. En este caso la M
(…9M@). Partió el papel en cuatro trozos, se los metió en
la boca y los humedeció con saliva antes de tragarlos con un sorbo
del refresco. Se sintió un poco ridículo, como en esas películas
de espías en las que el mensaje se autodestruye con ácido. Pero
quería seguir las normas a rajatabla después de la metedura de pata
del maldito móvil. La desventaja era que su dificultad hacía casi
imposible memorizarla, pero el riesgo de perder el papel era pequeño
y las ventajas enormes: seguramente serían necesarios muchos
recursos de la NSA durante años para romperla. Impensable que
alguien hiciese eso.
Se había molestado en comprobar la fortaleza de esta contraseña en
una página que le había señalado el hacker y quedó sorprendido:
un atacante que pudiese probar cien trillones de contraseñas por
segundo, tardaría trillones de siglos. Y aunque no fuese del todo
correcto, parecía ser suficientemente resistente. Todo lo que había
visto en Phineas le hacía confiar en él.
Tuvo una sensación extraña. Algo iba mal. Pensó en la seguridad de
Phineas root y de Joao y su familia. Cerró el portátil. Dejó
el dinero con la propina sobre la factura. Se dirigió al baño.
Estaba vacío. Cerró la mochila. Tiró de las cadenas de las
cisternas de los tres inodoros que había para amortiguar el ruido y
le dió cinco o seis golpes a la mochila contra la pared.
En ese momento entró otro cliente y lo vió dándole los últimos
golpes. Steve le sonrió y le explicó medio en broma, medio en
serio:
—Es una basura de portátil y como tiene seguro, quiero que me den
otro. Esa gente de las grandes tiendas se las saben todas.
El tipo se fue de prisa, sin fiarse mucho de las palabras de ese loco
que acababa de ver en el baño. Horas más tarde reconoció su rostro
en los informativos y se alegró de no haberlo comentado con nadie.
No quería problemas con las mafias.
Steve abrió la bolsa y echó agua sobre el trozo más grande donde
seguían el disco duro y el procesador. La pantalla y lo demás
estaban hechos pedazos. La pequeña antena la dobló con las manos y
la tiró por la ventana a un contenedor que había cerca.
Salió del local y se encaminó en dirección al hotel. Mientras iba
casi corriendo por la calle le venían a la mente de manera
repetitiva las palabras de Phineas: "el
eslabón débil de la cadena suele ser el factor humano, los
sentimientos, la pereza, la confianza"… y él había
llevado encima el viejo móvil todo el tiempo como un maldito
imbécil. Por primera vez sintió miedo de verdad.
Un coche lo seguía de cerca y varios de los tipos que había visto
antes caminaban a su ritmo por la acera de enfrente. Aprovechando que
dos furgonetas aparcadas juntas lo cubrían un poco, se agachó como
para recuperar el aliento y tiró los trozos del portátil por el
hueco de una alcantarilla. Cerró la cremallera de la mochila y se la
puso al hombro como si todavía lo llevara. Sólo quedaban dentro la
funda vacía del portátil y la copia impresa del informe...
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