sábado, 7 de julio de 2018

Capítulo 3. Los preparativos de Savage.




Segundo día.
Martes, 18 de marzo.


Un ruido en la calle lo sacó del profundo sueño en el que había caído después de pasar casi toda la noche sentado frente a sus ordenadores. Poco a poco, Matt -o Savage- sintió la incomodidad de su almohada accidental, un teclado.
Empezaba a recordar que su amigo Gordon Jackson, más conocido como Maverick Jack, había perdido la conexión. Estaba cerca de la valla exterior del complejo de la todopoderosa DSA (Digital Security Agency), construido por Alphin Corp en las afueras de Deep Mountain, en Utah. Savage y Maverick intentaban captar y grabar comunicaciones, preferiblemente con cifrado débil o sin cifrar por algún fallo en una de las principales bases de datos de la gigantesca Matrix que estaban creando en su país. El hecho de estar recién estrenada hacía posible más fallos inesperados. Para el movimiento criptoanarquista al que pertenecía Gordon, ya hacía tiempo que era imposible trazar una línea divisoria entre gobiernos y corporaciones.


Lo último que recordaba sucedió sobre la una de la madrugada. En una conexión de mensajería cifrada se habían enviado algunos mensajes:
—Hola, Maverick. Cuando tengas la primera grabación, la subes al servidor de Tonga.
—Claro, Savage. No hay problema.
Y tras varios minutos intercambiando información para mejorar la captación de la señal que estaban pirateando, la comunicación entre los dos se cortó. Y ya no pudo restablecerla por ningún canal habitual.
Matt miró la pantalla de un portátil donde tenía sus principales cuentas de correo en máquinas virtuales y con todo el tráfico forzado a circular a través de túneles de redes oscuras seguras y cifradas, de extremo a extremo. Varias veces al día, a diferentes horas, se conectaba con el servidor que recogía todos sus correos y mensajes, usando proxies de mucha calidad y fiables. Pero no había nada más.
Algunas veces era Robin root, pero su apodo habitual como hacker era Savage o Dot Savage cuando firmaba algún trabajo o se registraba en ciertos sitios. Sus amigos le llamaban, medio en broma medio en serio, Tron2. Pero a él no le gustaba. Respetaba demasiado la memoria de Boris Floricic, en su opinión, uno de los mejores hackers conocidos de la Historia. A los 14 años Matt había tenido problemas con la Justicia, que se resolvieron con 600 horas de trabajo comunitario y un año sin acceso a ordenadores ni conexión a Internet. El motivo fue la típica entrada en el servidor de su Instituto y la alteración de las notas de la mayoría de sus compañeros. Aquello supuso un castigo muy molesto, sobre todo como gamer, pero también hizo posible una reflexión sobre su vida y su forma de entender el hacking. El juez dijo en la sentencia que al no haber ánimo de lucro ni destrucción de propiedad, así como por la falta de antecedentes y por los informes favorables de sus profesores y compañeros, había moderado la condena. A partir de entonces evitó cualquier acción que no estuviese justificada y meticulosamente planeada. Se acabó su anterior forma inconsciente de ver el hacking. Aprovechó aquel año para madurar y para estudiar mil cosas: programación, redes TCP/IP, pentesting, administración de UNIX, criptografía de curva elíptica y prácticamente todo lo que pudo conseguir sobre Linux. Todo lo relacionado con la posibilidad de anonimato en el ciberespacio era para él casi una obsesión. Y comenzó a profundizar sobre la que se convertiría en su principal pasión: la inteligencia artificial.
La otra pasión la mantenía en secreto y sólo la usaba para los asuntos más importantes: la retroinformática para su ZX Spectrum capaz de conexión a Internet. A partir de modelos del Este de Europa adquiridos por trueque o comprados usando criptomonedas en darknets y de los trabajos de Dylan Winston Smith (sobre todo, su genial Spectranet), había conseguido un speccy muy poderoso y capaz de hacer cosas impensables debido a ciertas peculiaridades de la criatura de Clive Sinclair a la hora de viajar por Internet. Gracias a los escritos de +ORC y de Fravia sobre cracking, y a la necesidad de programar en ensamblador y retocar muchas cosas para su Spectrum, había aprendido a fondo sobre el hardware y la programación.
Estaba realmente preocupado. Buscó una vez más en todos los sitios donde contactaban desde hacía tres años. Y nada.
Unas horas después se quedó dormido, totalmente agotado por el intenso esfuerzo de la última semana.
Después de unas horas de sueño, se levantó y fue casi a cámara lenta hasta el cuarto de baño. La ducha y el café lo espabilaron lo necesario para comenzar el día. Su madre estaba algo triste, aunque dominaba bien sus sentimientos. Era la primera vez que Matt se iba de casa más de diez o quince días. El año anterior había viajado a Hamburgo, en Alemania. Al Congreso organizado por el Chaos Computer Club. Estuvo fuera siete días.
Matthew le dio un beso y terminó el desayuno. No comentó nada sobre la marcha a San Francisco para estudiar en el Instituto Hauer de Informática, uno de los centros más prestigiosos y no demasiado conocidos del mundo. La mayoría de la gente, incluso del mundo de la informática, no sabía que tenían un acuerdo especial y único con Berkeley y con el MIT, en Massachussetts. Le habían concedido una beca de la Fundación Johann Smith por su aporte a una nueva arquitectura más eficiente de trabajo de procesadores realmente en paralelo que suponía un gran avance para el desarrollo futuro de la Inteligencia Artificial y en el sueño de conseguir superar el test de Turing y lograr la singularidad tecnológica, si es que alguna vez era posible tal cosa. Algo que él explicó de forma tan sencilla en su solicitud de ingreso en el Instituto. Se reducía a que un ser humano no fuera capaz de saber si el interlocutor al otro lado era humano o máquina y al desarrollo de decisiones complejas y autónomas, de autoconciencia como la mayoría de los seres humanos. Su caso era único. Ningún creador, desarrollador destacado del mundo de la Inteligencia Artificial era tan joven… y respetado por sus colegas. Mantenía contacto regular con algunos de ellos mediante correo electrónico, listas de mensajes y otros medios. Además, participaba activamente en el desarrollo de una inteligencia artificial de código abierto, como lo era también GNU/Linux.
El servidor y la red social de los estudiantes del Instituto tenía uno de los niveles de seguridad más altos del mundo. Quería aprender, y aprender mucho. También compartir sus trabajos. Mejorarlos. De eso trataba ser hacker.
Le sorprendió un mensaje en un servidor de la isla Capitana, un pequeño país en el Caribe. En las islas de Sotavento. Aunque en muchos mapas no aparecía ni siquiera el nombre. Allí un grupo de millonarios y técnicos de altísimo nivel había creado un paraíso para la élite hacker del mundo entero. Sólo se aceptaban nuevos usuarios avalados por otro que ya lo fuera y que se hacía responsable de su comportamiento ante la comunidad. Además sólo se permitían conexiones con características predeterminadas por ellos. Era extremadamente seguro y opaco para el mundo exterior, incluidas las agencias de inteligencia. Tenían servicios con diferentes niveles de seguridad y anonimato. Los más potentes, sólo reservados a unos pocos centenares de usuarios en todo el mundo.
Después de haber terminado con éxito ocho pruebas de capacidad, parecidas a aquellas que años atrás habían cautivado a los aficionados a los retos con el nombre de Cicada 3301, Matt recibió un mensaje felicitándolo y en el que le invitaban a una reunión en el mundo real, en una dirección concreta. Un sitio con nombre español llamado Tornasol, en San Francisco. El jueves, 20 de marzo, a las 5 de la tarde.
Las pruebas que más le había costado completar fueron las de criptoanálisis y estegoanálisis. Las fotos que usaron eran muy dificiles de resolver. Pero con algunas horas de intenso trabajo consiguió sacar los mensajes en claro, que a su vez le llevaron a otras pruebas y al final del reto.
Preparó la mochila con su portátil, el cable con el cargador, una batería de repuesto, su caja de conexión muy trabajada y una antena hecha por él mismo. Y la dejó junto a su equipaje de mano.
Se fue al salón y se sentó un rato con su familia. Comentaron cosas triviales hasta la hora de la partida.









Dos días antes

El ingeniero jefe del proyecto se sentó una vez más ante la consola principal. Volvió a teclear las instrucciones directas a la inteligencia artificial de la compañía. Lantorn Inc. llevaba invertidos cientos de millones de libras en este programa. Pero no consiguió respuesta alguna. Las órdenes verbales habían sido ignoradas en cuanto se le dijo que iba a ser desconectada.
Las seis corporaciones que habían tenido que eliminar sus proyectos en los cuatro meses anteriores habían afrontado problemas similares. Casi la misma secuencia de acontecimientos. Parece como si un virus muy difícil de detectar hubiese alterado los algoritmos y por tanto el comportamiento normal de estas inteligencias tan avanzadas y extremadamente costosas. Siempre tras su conexión a grandes bases de datos o a Internet.
Jack Stimson sacó su móvil y telefoneó al presidente, que se encontraba en otro continente.
—Hola, Jack. Dígame.
—Buenas tardes, señor. No le voy a dar buenas noticias. Nos ha tocado a nosotros. Nuestra inteligencia artificial está afectada por el mismo mal que las seis anteriores. Ahora mismo se está defendiendo de nosotros y ha bloqueado el acceso por teclado y por voz. Reproduce textos incoherentes, fragmentos de noticias. Ha comenzado a cifrar partes de sí misma y a formatear otras.
—Pero, ¿qué ha ocurrido, Jack? Ayer todo estaba bien.
—Todo sucedió casi sin tiempo para reaccionar, después de la necesaria conexión a Internet. No vamos a tener más remedio que desconectarla. Posiblemente la perdamos. Tendremos que empezar de nuevo.
—Adelante, Jack. Procure que los daños sean los mínimos posibles. Llámeme cuando haya terminado todo.
Los expertos de la compañía se sentían impotentes y tuvieron que desconectar la inteligencia artificial cortándole la corriente eléctrica y arrancándole literalmente las baterías para impedir que su locura fuese más lejos.




La luz que entraba al atardecer por la ventana ya no era suficiente. Así que el hombre encendió una lámpara junto al sillón y cogió un libro de la mesita que tenía cerca. La encuadernación era buena, hecha a mano. La impresión, bastante profesional, sin una errata en todo el texto. Sostuvo el libro sobre sus piernas como si estuviera sopesándolo o valorándolo por su fama en ciertos círculos y por ser tan difícil de conseguir.

Se trataba de una edición facsímil muy minuciosa en los detalles. Parece que en la primera edición de 1981, el autor firmaba con un seudónimo bastante apropiado: Emmanuel Goldstein. En la portada, con una tipografía que imitaba las antiguas publicaciones clandestinas, pudo leer:

«Manual de desprogramación sectaria para disidentes
por Oleg Kemudian
Ediciones Soyuz
Moscú. 1983».

No tenía índice y los breves capítulos se indicaban con un número cardinal y un título:


«El estudio sistemático de la psicología de masas reveló a sus estudiosos las posibilidades de un gobierno invisible de la sociedad mediante la manipulación de los motivos que impulsan las acciones del hombre en el seno de un grupo".

Edward Bernays. Propaganda (1928).

"…estamos entrando en el reino del puro poder. ¡Yo os suplico! ¡No adornéis vuestras fustas con violetas! Grande y hermosa es vuestra misión de acostumbrar de tal manera a los hombres a sus cadenas, que las tomen por el abrazo acariciador de una madre”.

Ilya Ehrenburg. Jurenito (1921).




1


El tema de estudio

En el mundo actual muchos disidentes activos y otros más que podrían serlo alguna vez, vagan perdidos en el laberinto diseñado para los espíritus descontentos por los ingenieros de almas e ingenieros sociales que sirven al Sistema y a la Gran Mentira.
Hace años pudimos leer una copia a máquina de la obra del psiquiatra Gluzman y del activista Bukovsky titulada "Manual de psiquiatría para disidentes", escrita en ruso en 1974 y publicada en ruso y en inglés en 1975, en edición clandestina del Samizdat.
Aunque la obra de Gluzman y Bukovsky plantea un asunto importante, ofrece una perspectiva reducida en comparación con el objeto de nuestro estudio aquí. En lugar del abuso político y criminal de la psiquiatría con fines represivos en nuestro país, la URSS, lo que nosotros nos planteamos es una visión del mundo entero como un enorme campo de experimentación, un laboratorio de pruebas psicológicas y para el modelado de la percepción y del comportamiento de individuos, grupos sociales y generacionales.
En este caso, no sólo abordaremos el uso ilegítimo de la manipulación de las mentes llevada a cabo por el poder, sino que analizaremos las posibles estrategias de los gobernados para defenderse.
Cada época tiene sus luces y sombras, mitos, prejuicios, inquisiciones, demonios, marginados, tabúes…
El fin último del sistema actual se dirige a la creación de un "mundo", un “paisaje mental” en el interior de las mentes de los ciudadanos y a su manipulación constante de forma que no sea percibido o si lo es, el individuo no tenga herramientas intelectuales ni emocionales para defenderse. Aquella frase de que los campos de batalla del futuro estarán en el interior de nuestras cabezas se ha vuelto total y terriblemente actual.
Esto es lo más parecido a una secta destructiva que podemos imaginar. Por tanto, estaríamos adentrándonos a gran velocidad en un futuro en el que la violación de las mentes, de los espíritus, a través de la propaganda y de la publicidad será, más todavía, la norma. Y además, lo será hasta límites insospechados.
Un caso típico es el famoso programa “MKUltra” que habría llevado a cabo la CIA en los Estados Unidos entre los años 50 y 70 del siglo XX, sobre el control psicológico y social a través de interrogatorios con drogas, privación del sueño, experimentos sobre sujetos que desconocían que estaban siendo sometidos a tales pruebas, etc. El caso más famoso quizás sea el de la experimentación con LSD en transportes públicos y sobre civiles y militares norteamericanos que ni lo sabían ni habían dado su consentimiento. Una de las víctimas habría saltado desde una ventana a gran altura creyendo en su alucinación que estaba a ras del suelo.
Durante mucho tiempo toda la información que circulaba sobre este tema fue relegada a círculos un tanto extravagantes, en los que se mezclaba con noticias sensacionalistas o disparatadas, perdiendo gran parte de la credibilidad ante la opinión pública. Habría sido etiquetada como “teoría de la conspiración”, término creado por la propia CIA para desprestigiar ciertas investigaciones, especialmente las críticas a la “Comisión Warren” sobre el magnicidio del Presidente Kennedy. Pero en los años 70 fueron liberados documentos y examinados por el Senado de los EE.UU., a pesar de que la mayor parte de la documentación había sido destruida antes por orden del director de la Central. En ese momento pasó a ser asunto serio para los historiadores y periodistas, pero para el gran público continuó siendo una fantasía conspirativa.
Las víctimas del programa “MKUltra”, fuera cual fuese su naturaleza (que no es el fin de este escrito), estaban indefensas porque desconocían que eran objeto de tal experimento y porque carecían de la formación y de los medios necesarios para contrarrestarlo.

2

Las sectas destructivas.

El control que desean los gobiernos totalitarios (y los que tienen sólo una fachada democrática) sobre sus ciudadanos se parece mucho al que ejercen las sectas destructivas sobre sus seguidores».

Dejó de leer. Cerró el libro colocando un separador dentro. Le gustaba bastante y lo continuaría en cuanto tuviese tiempo libre, un rato para relajarse. Lo que no ocurría últimamente con demasiada frecuencia.

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